sábado, 14 de abril de 2007

Coherencia 2

George Orwell. Matar a un elefante y otros escritos. Turner.
Diario de Guerra. 11 de junio. Pag. 138-139.


Los alemanes anuncia por la radio como los habitantes de un pueblo de Checoslovaquia llamado Lidice (de unos mil doscientos habitantes) eran culpables de dar cobijo a los asesinos de Heydrich, han fusilado a todos los varones del pueblo, han enviado a todas las mujeres a campos de concentración, han recluido a todos los niños en centros donde serán "reeducados", han arrasado todo el pueblo y le han cambiado el nombre. Guardo copia de la noticia tal como quedó registrada en el informe de seguimiento de la BBC.
No me sorprende en particular que haya gente capaza de hacer cosas como ésta. No me sorprende siquiera que anunciasen con bombo y patillo que las hacen. Lo que me impresiona, en cambio, es que las reacciones de otros ante tales sucesos estén gobernadas exclusivamente por la moda política del momento. Así, antes de la guerra, los rojillos creían todas y cada una de las historias espeluznantes que llegaban de Alemania o de China. Ahora, esos mismo rojillos de tibias convicciones han dejado de creer en las atrocidades alemanas o japonesas, y automáticamente tachan toas esas historias de mera "propaganda". Dentro de nada, se reirán de uno a la cara si da a entender que lo ocurrido en Lidice pueda seguramente (ser) verdad. Y, a pesar de todo, la realidad, tal como la han anunciado los alemanes, tal como se ha recogido en discos de gramófono, seguirá sin duda a disposición del que desee consultarla. Compárese con la larga lista de atrocidades cometidas desde 1914 en adelante, las atrocidades alemanas en Bélgica, las atrocidades bolcheviques, las atrocidades turcas, las atrocidades británicas en la India, las atrocidades norteamericanas en Nicaragua, las atrocidades nazis, las atrocidades italianas en Abisinia y Cirenaica, las atrocidades rojas y blancas en España, las atrocidades japonesas en China ... En todos los casos, se creen o se descreen según sea la predilección política del encausado, con una total falta de interés por la realidad de los hechos, con una completa voluntad de alterar las propias creencias tan pronto cambie el panorama político.

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