martes, 22 de enero de 2008

Himnos y banderas

El País. Cartas al director. 20/01/2008

A cuento del último intento fallido de dotar de letra al himno nacional de España por el imperioso motivo de que nuestros deportistas tengan algo que llevarse a la boca mientras se consumen los acordes de la Marcha Granadera, ironizaba el jueves día 17 EL PAÍS en su página editorial (El Acento) sobre que tal vez el COE tendría que abrir un concurso para que los ciudadanos sugiriesen mejoras a la enseña nacional.

Pues bien, tampoco sería la primera vez: nuestra actual bandera nacional, para los que no lo sepan, es producto de un concurso promovido por el rey Carlos III, que eligió los dos diseños que más le gustaron de entre 12 bocetos que le presentó el ministro de Marina, uno para la marina de guerra y otro para la marina mercante. En sus propias palabras: "Para evitar los inconvenientes y perjuicios, que ha hecho ver la experiencia, puede ocasionar la Bandera Nacional de que usa mi Armada Naval y demás embarcaciones españolas, equivocándose a largas distancias o con vientos calmosos, con las de otras naciones, he resuelto que en adelante usen mis buques de guerra de Bandera dividida a lo largo en tres listas, de las que la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total y la de en medio amarilla...". (Real Decreto de 28 de mayo de 1785).

Hasta entonces la enseña de los regimientos del Rey -el concepto de bandera nacional era entonces desconocido- había sido la cruz de San Andrés o Cruz de Borgoña en aspa, roja, sobre fondo blanco, que los Borbones heredaron de los Austrias. La misma que hoy identifica a la Comunidad Tradicionalista (Carlistas). Es decir, que las palabras rojo, gualda, sangre, oro y otras figuras poéticas referidas a nuestra actual bandera están muy bien para figurar en himnos y marchas cuya misión principal es la de enardecer reclutas que han de matar franceses, moros o rojos, pero la realidad de nuestra bandera es mucho más prosaica y funcional.

Porque una bandera -como un himno- puede llegar a ser un símbolo. Pero siempre es, sobre todo, un trapo de colores. O sea, campo para el diseño.

domingo, 13 de enero de 2008

¿Es compatible la democracia con el islam?

Extracto de una entrevista en El Mundo a Seyyed Hossein Nasr
Sábado 12 enero 2008
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-¿Es compatible la democracia con el islam?
- Depende de lo que entendamos por democracia. En la actualidad la palabra democracia se ha convertido en un eslogan. Quien nos gusta es democrático, y a quien no nos gusta le tachamos de antidemocrático. El pueblo palestino, en unas elecciones libres supervisadas por la ONU, eligió a Hamas para que le gobernara. Pero Occidente rechazó ese resultando alegando que no era democrático. La democracia se ha convertido en una vara para medir lo que nos interesa y lo que no. En Egipto, Mubarak gana las elecciones con el 99,9% de los votos y es obvio que no es democrático, pero, dado que es pro americano, nadie dice nada. La democracia es algo muy valioso pero, por desgracia, en nuestros días se ha convertido en una prostituta. Lamento decirlo, pero es así. Si entendemos la democracia como la participación libre de la gente en su propia vida, creo que es algo que todos los seres humanos desean, pero para que las instituciones democráticas crezcan deben de hacerlo desde el interior de una sociedad, como ha ocurrido en Occidente.

Entrevistado por Irene Hernández Velasco

viernes, 11 de enero de 2008

¿Sabéis por qué me hice comunista?

El lado frío de la almohada - Belén Gopegui. Anagrama. Pag. 178

- ¿Sabéis por qué me hice comunista? fue por un cuento, un cuento que me contó mi maestro en la escuela. Cuando me lo contó yo era bajito, como ahora, y tartamudo.
Sedal y Osorio rieron. Con el tiempo Mateo Orellán se había hecho un orador pasable, además de haber adquirido una habilidad extraordinaria para memorizar y recitar poemas.
- Me alegro de que os riáis, pero con diez años yo era llamativamente bajo y tartamudo. Aunque mi padre luchó por la república, con diez años yo no llegaba a entender muy bien las consecuencias de ser hijo de rojos. En cambio sí sabía lo que significaba ser bajo y tartamudo. En según qué grupo de chicos, aunque supongo que en casi todos, eso te convierte en un paria, si no tienes la suerte de que te adopten como mascota. Y a mí no me adoptaron. Un buen día oí en la radio a un señor hablando sobre no sé qué variedad de leones y sobre cómo si en una manada de veinte hay uno o dos especialmente canijos, son castigados por el resto: se les golpea, se les priva de comida, hasta conseguir que mueran. Enseguida pensé que mi clase del colegio era la manada, y que estaban dispuestos a acabar conmigo. Le conté al maestro la historia de la manada. Él debió intuir mis temores, y me contó su cuento. Creo que es conocido pero yo no lo he vuelto a oír. -Orellán elevó un poco la voz-: Un guardabosques entró en un bosque y preguntó a los árboles si podía derribar uno de ellos; tenía intención de hacer un mango para su hacha. La mayoría de los árboles había estado en el bosque durante mucho tiempo. Eran vigorosos, eran fuertes, tan grandes que no había hombre que tuviera los brazos tan largos como para poder abarcar su tronco. Fueron ellos quienes tomaron la decisión. "Sí, bueno, digamos que tu petición es muy moderada. Puedes tomar aquel joven árbol que se encuentra allí solo. " Señalaron con sus cabezas hacia un joven fresno, el cual no había tenido tiempo de crecer para alcanzara el grosor de la muñeca de un hombre. El guardabosque agradeció a los árboles su amabilidad y, antes de que puedieran arrepentirse, derribó el fresno. Luego hizo un estupendo y fuerte mango para su hacha. Tan pronto como hubo fijado el nuevo mango a su hacha, se puso a trabajar. Esta vez no pidió permiso, no mostró compasión alguna. Derribó cuantos árboles se encontraban en su camino, tanto los grandes como los pequeños. En aquel momento, cuando vieron lo que etaba a punto de ocurrirles, los árboles dijeron tristemente: "Es completa y exclusivamente culpa nuestra el que vayamos a morir. Al sacrificar la vida de un árbol más pequeño y débil que nosobros, hemos perdido nuestras propias vidas"
La luz de la lámpara daba en los lomos de los libros rebotando en los que estaban plastificados y eran blancos con grietas y arrugas de haber sido abiertos. Tal vez era el momento de que Mateo Orellán gastase una broma o les ofreciera cerveza fría. Osorio parecía ir a decir algo. Orellán le miró y decidió terminar su historia.
- Después de oír aquel cuento me hice un niño callado y hábil. Ya que no podía ser un árbol vigoroso me convertiría en mango de hacha, trabajaría para convertirme en mango de hacha. Aprendí mucho. Algunos años después me hablaron de un sisitema en donde no se sacrifican a los débiles por ser débiles. En donde los débiles no estaban condenados a elegir entre la humillación, el rencor o la venganza. Y me hice marxista. Ahora ya no soy tartamudo, pero sigo apoyando vuestra rebolución.
- De acuerdo, Mateo -dijo Osorio-. Tu cuento es bueno. ¿Pero qué pasa cuando el guardabosque tiene frío?
- ¿Cuánto? ¿Cuánto frío? - dijo Sedal.