martes, 30 de enero de 2007

El precio de los alimentos

Del libro "El hambre en el mundo explicada a mi hijo" de Jean Ziechler. Munichk Editores.

Pag. 49

- ¿Cómo se establecen estos precios? (el de las materias primas agrícolas)
- Según la despiadada ley de la oferta y la demanda, aunque también según las estrategias de las multinacionales de grano y de sus banqueros, que deciden si abaratan los precios por debajo del límite normal (dumping) o si, por el contrario, dejan almacenado el producto. Los especuladores practican el dumping cuando lanzan una gran cantidad de cereales al mercado y revientan los precios. El almacenamiento, en cambio, crea una situación de penuria artificial: los precios suben y los especuladores retienen grandes cantidades de productos alimenticios. Estos precios sólo obendecen a un principio: la optimización de los beneficios. Y a los señores de la Bolsa de Chicago les importa muy poco que los gobiernos de Etiopía, del Chad, de Haití, comprometidos en una lucha sin cuartel contra el hambre en sus respectivos países, no puedan pagar estos precios, a menudo exorbitantes. A ellos lo único que les importa es poder ganar unos cuantos millones de dólares más a la semana. Cuando se alude a los suplicios de la hambruna, responden que para eso están la ONU, la Cruz Roja, ... Supongo que lo habrás entendido. Una cosa es el tamaño de las cosechas y otra muy diferente el precio de los cereales que los especuladores de la Bolsa de Chicago imponen a los compradores de las Naciones Unidas, del PAM, de las organizaciones caritativas o de los gobiernos de los países que padecen hambre.

El despido de Allende

Últimas palabras pronunciadas y dirigidas por radio al pueblo de Chile por Salvador Allende antes de morir.

Tengo fe en Chile y su destino.
Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición
me tiende un freno. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que
tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre
libre para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo!
¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras.
Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano.

A gritos

Jordi Sierra i Fabra. El peso del silencio. Ediciones del bronce. Pag. 299.

A GRITOS

Los muertos gritan
Más que los vivos.
Los muertos no tienen miedo.
Los muertos no callan la verdad.
La desnudan con sus huesos quebrados.
Fluye por los agujeros de bala
De sus cráneos vacíos.
Los muertos viven el peso del silencio
Y esperan.
Esperan el nuevo grito de los vivos
Que los libere
Y les dé paz,
Justicia,
Mientras duermen,
Sueñan,
Despiertan,
Y siguen gritando,
Gritando,
Gritando.

Jordi Sierra i Fabra
(Escrito en el bar Cuatro & Diez, Santiago de Chile,
a noche del 4 de junio de 2000)

“Entre el débil y el fuerte, es la libertad la que oprime y la ley la que libera”

Jean Ziegler. El hambre en el mundo explicada a mi hijo. Munich Editores. Pag. 124

Acción contra el Hambre, organización no gubernamental de un compromiso ejemplar, constata que “un gran número de pobre sen el mundo carecen del alimento necesario en la medida en que la producción alimentaria se ajusta a la demanda solvente”. El que tiene dinero, come. El que no lo tiene, muere lentamente de hambre.
Se trata por tanto de civilizar la actual jungla del capitalismo salvaje. La economía mundial es fruto de la producción, la distribución, el intercambio y el consumo de alimentos. Afirmar la autonomía de la economía en relación a la hambruna es absurdo, peor aún: es un crimen. No puede abandonarse al libre juego del mercado la lucha contra esa catástrofe.
Todos los mecanismos de la economía mundial deben someterse a este imperativo primordial: vencer el hambre, alimentar convenientemente a todos los habitantes del planeta. Para imponerlo ha de crease un estructura jurídica internacional, a base de tratados y normas.
Jean-Jacques Rousseau escribió: “Entre el débil y el fuerte, es la libertad la que oprime y la ley la que libera”. La libertad total del mercado es sinónimo de opresión; la ley es la primera garantía de la justicia social. El mercado mundial necesita de normas y de una restricción por la voluntad colectiva de los pueblos. La lucha contra la maximización del beneficio como única motivación de los protagonistas que dominan el mercado y la lucha contra la aceptación pasiva de la miseria son imperativos urgentes. Debe cerrarse la Bolsa de las materias primas agrícolas de Chicago, combatir el deterioro constante de las relaciones de intercambio y acabar con la estúpida ideología neoliberal que deslumbra a la mayoría de los dirigentes de los Estados occidentales.
El hombre es el único vertebrado que puede sentir en su conciencia el sufrimiento del otro.
¿La constitución de una conciencia de la identidad, de la solidaridad radical con el hombre que sufre se desprende de un proyecto utópico? No. En el decurso de la historia han ocurrido ya algunos saltos cualitativos análogos. Por ejemplo: el nacimiento del Estado. En una época remota, los hombres hicieron una elección fundamenta: entonces, la solidaridad, la identificación con el otro se limitaban a la familia, al clan, en consecuencia, a aquellos cuyo rostro era conocido y cuya presencia física era sensible; con el nacimiento de la nación y del Estado, el hombre se hizo por primera vez solidario de hombres que no conocía y con los que probablemente nunca se encontraría. Acababa de nacer un sentimiento de identidad nacional, unas instituciones de solidaridad, una conciencia suprafamiliar, una ley común.
Para llevar una vida más digna y hacer de la tierra un lugar más habitable para todos, sólo hay que dar un paso más y destruir los prejuicios del maltusianismo.
La única identidad humana válida es la que nace del encuentro real o imaginario con los otros, del acto de solidaridad.
No puede haber un mundo en el mundo, un enclave de bienestar en un mundo de dolor. Es inaceptable una economía mundial que relega al no ser a la sexta parte de la humanidad. Si la hambruna no desaparece rápidamente de este planeta, no habrá humanidad posible. Hay que reintegrar por tanteen la humanidad a esa “fracción sufriente” que hoy está excluida y perece en la noche.

El maestro

Bocas del tiempo. Eduardo Galeano. Ed. SXXI. Pag. 55.

Los alumnos de sexto grado, en una escuela de Montevideo, habían organizado un concurso de novelas.
Todos participaron.
Los jurados éramos tres. El maestro Oscar, puños raídos, sueldo de fakir, más una alumna, representante de los autores, y yo.
En la ceremonia de la premiación, se prohibió la entrada de los padres y demás adultos. Los jurados dimos lectura al acta, que destacaba los méritos de cada uno de los trabajos. El concurso fue ganado por todos, y para cada premiado hubo una ovación, una lluvia de serpentinas y una medallita donada por el joven joyero del barrio.
Después, el maestro Oscar medijo:
-Nos sentimos tan unidos, que me dan ganas de dejarlos a todos repetidores.
Y una de las alumnas, que había venido a la capital desde un pueblo perdido en el campo, se quedó charlando conmigo. Me dijo que ella, antes, no hablaba ni una palabra, y riendo me explicó que el problema era que ahora no se podía callar. Y me dijo que ella quería al maestro, lo quería muuuuuuuucho, porque él el había enseñado a perder el miedo a equivocarse.

Cursos prácticos

Bocas del tiempo. Eduardo Galeano. Ed. SXXI. Pag. 53

Joaquín de Souza está aprendiendo a leer, y practica con los carteles que ve. Y cree que la P es la letra más importante del alfabeto, porque todo comienza con ella:
Prohibido pasar
Prohibido entrar con perros
Prohibido arrojar basura
Prohibido fumar
Prohibido escupir
Prohibido estacionar
Prohibido fijar carteles
Prohibido encender fuego
Prohibido hacer ruido
Prohibido ...

El padre

Bocas del tiempo. Eduardo Galeano. Ed. SXXI. Pag. 27

Vera faltó a la escuela. Se quedo todo el día encerrada en casa. Al anochecer, escribió una carta a su padre. El padre de Vera estaba muy enfermo, en el hospital. Ella escribió:
-Te digo que te quieras, te cuides, que te protejas, que te mimes, que te sientas, que te ames, que te disfrutes. Te digo que te quiero, te cuido, te protejo, te mimo, te siento, te amo, te disfruto.
Héctor Carnevale duró unos días más. Después, con la carta de su hija bajo la almohada, se fue en el sueño.

Peces

Bocas del Tiempo. Eduardo Galeano. Ed. Siglo XXI. Pag. 15

¿Señor o señora? ¿O los dos a la vez? ¿O a veces él es ella, y a veces ella es él? En las profundidades de la mar, nunca se sabe.
Los meros, y otros peces, son virtuosos en el arte de cambiar de sexo sin cirugía. Las hembras se vuelven machos y los machos se convierten en hembras con asombrosa facilidad; y nadie es objeto de burla ni acusado de traición a la naturaleza o a la ley de Dios.

lunes, 29 de enero de 2007

Moral y buenas costumbres

Bocas del Tiempo. Eduardo Galeano. Ed. Siglo XXI. Pag. 14

La encerraron en una habitación, atada a la cama.
Cada día entraba un hombre, siempre el mismo.
Al cabo de algunos meses, la prisionera quedó embarazada.
Entonces la obligaron a casarse con él.
Los carceleros no eran policías, ni soldados. Eran el padre y la madre de esta muchacha, casi niña, que había sido descubierta cuando se estaba besando y acariciando con una compañera de estudios.
En Zimbabwe, a fines de 1994, Bev Clarck escuchó su relato.

Pasivos

Lo escribió Bendetti en 1979 en referencia a los uruguayos, en el 2006 sería totalmenete aplicable a los españoles

Mario Benedetti – La tregua

Jueves 12 de septiembre

Diego es un preocupado y, merced a su influencia, Blanca se está convirtiendo en otra preocupada. Esta noche hablé largamente con ambos. Su preocupación es el país, su propia generación, y, en el fondo de ambas abstracciones, superocupación se llama Ellos Mismos. Diego quisiera hacer algo rebelde, positivo, estimulante, renovador; no sabe bien qué. Hasta ahora lo que siente con la máxima intensidad es un inconformismo agresivo, en el cual falta todavía un poco de coherencia. Le parece funesta la apatía de nuestra gente, su carencia de impulso social, su democrática tolerancia hacia el fraude, su reacción guaranga e inocua ante la mistificación. Le parece espantoso, por ejemplo, que exista un matutino con diecisiete editorialistas que escriben como un hobby, diecisiete rentistas que desde un bungalow de Punta del Este claman contra la horrible plaga del descanso, diecisiete patucos que usan toda su inteligencia, toda su lucidez, para henchir de habilidosa convicción un tema en que no creen, una diatriba que en el fondo de sí mismos consideran injusta. Le subleva que las izquierdas sobrelleven, sin disimularlo mucho, un fondo de aburguesado acomodo, de rígidos ideales, de módico camanduleo. “¿Usted ve alguna salida?”, pregunta y vuelve a preguntar, con franca, provocativa ansiedad. “Lo que es yo, por mi parte, no la veo. Hay gente que entiende lo que está pasando, que cree que es absurdo lo que está pasando, pero se limitan a lamentarlo. Falta pasión, ése es el secreto de este gran globo democrático en que nos hemos convertido. Durante varios lustros hemos sido serenos, objetivos, pero la objetividad es inofensiva, no sirve para cambiar el mundo, ni siquiera para cambiar un país de bolsillo como éste. Hace falta pasión, y pasión gritada, o pensada a los gritos, o escrita a los gritos. Hay que gritarle en el oído a la gente, ya que su aparente sordera es una especie de autodefensa, de cobarde y malsana autodefensa. Hay que lograr que se despierte en los demás la vergüenza de sí mismos, que se sustituya en ellos la autodefensa por el autoasco. El día en que el uruguayo sienta asco de su propia pasividad, ese día se convertirá en algo útil.”