sábado, 14 de abril de 2007

Coherencia

George Orwell. Matar a un elefante y otros escritos. Turner.
Diario de Guerra. 27 abril. pag. 129


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Estamos de porquería hasta el cuello. Cuando hablo con quien sea o leo los escritos de quien sea, siempre que se trate de alguien que tiene un interés personal, tengo la impresión de que la honradez intelectual y el criterio equilibrado sencillamente han desaparecido de la faz de la Tierra. El pensamiento más habitual es forense; la gente se limita a exponer un "caso" judicial con la supresión intencionada del punto de vista de su adversario y, lo que es más, con una completa insensibilidad ante cualquier sufrimiento que no sea el suyo y el de sus amistades. El nacionalista indio está hundido en la conmiseración de sí mismo, en el odio a Gran Bretaña, completamente indiferente ante las penurias de China, mientras el pacifista inglés se lanza al frenesí y al delirio sobre los campos de concentración de la isla de Man y olvida los que hay en Alemania, etc. Uno se fija en esta tendencia, sobre todo, en aquellas personas con las que discrepa, como los fascistas o los pacifistas, aunque en el fondo todo el mundo es igual, al menos, todo el que tenga una opinión definida. Todo el mundo es deshonesto, y todo el mundo es absolutamente cruel hacia las personas que se hallen más allá del espectro inmediato de sus propios intereses y simpatías. Lo más asombroso de todo es el modo en que la simpatía se puede abrir y cerrar, como si fuera un grifo, según sea la conveniencia política. Todos los rojillos de tibias convicciones, o la mayoría, que se han mesado los cabellos, cuando no se han rasgado las vestiduras, en su cólera por las atrocidades nazis antes de la guerra, olvidaron por completo esas atrocidades y, obviamente, dejaron de tener ninguna simpatía por los judíos, etc., tan pronto la guerra comenzó a afectarles. Igual sucede con los que aborrecía a Rusia como si fuera el diablo mismo antes del 22 de junio de 1941, y, de pronto, olvidaron las purgas, la GPU, etc., en el instante en que Rusia entró en guerra. No estoy pensando en las mentiras que sirven a una finalidad política, sino en cambios muy reales de sentimientos subjetivos. ¿Es que no hay nadie que tenga tanto opiniones firmes como un planteamiento equilibrado? En realidad son muchos, pero son impotentes. Todo el poder está en manos de los paranoicos.

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