Esclavos modernos. Las víctimas de la globalización. David Dusster. Ediciones Urano.
Epílogo.
Pag. 179
El primer mundo, de acuerdo con el ranking de riqueza material, consume viejos cultivos -que mantienen prácticas esclavistas como el cacao- y nuevas tecnologías -que precisan minerales extraídos de minas inmundas en estados africanos en vías de desmembramiento, asolados por guerras y una estructura política corrupta heredada de la dominación europea. El primer mundo también viste pantalones vaqueros de algodón recolectado en condiciones infrahumanas y procesado en fábricas que perpetúan la pobreza. Además, se divierte de forma desaprensiva, en paraísos tropicales o dentro de su territorio. Y niega los derechos más fundamentales a quienes no cumplen los requisitos de idoneidad para ingresar en el exclusivo club. Y si reflexiona y siente reparos, la ideología al uso prescribe que el nivel de bienestar y de servicios sociales depende de que las empresas se trasladen a países donde se ahorran impuestos y salarios, de que se aligeren las administraciones públicas y se privaticen sus brazos asistenciales y de que los estados realicen ajustes estructurales para que las empresas puedan encontrar menos trabas para expandir el comercio.
...
Pag. 180
Se suponía, o al menos el lobby neoliberal había prometido, que la globalización encarnaba la única esperanza de progreso igualitario universal. Parecía lógico deducir que la globalización reduciría la necesidad de emigrar, pero ha sucedido lo contrario. Ni ha mermado las ansias por cambiar de país de residencia, ni ha facilitado el libre flujo de personas ni ha mejorado las condiciones de vida de las grandes masas depauperadas de poblaciones urbanasque buscan una alternativa decente en la emigración. Aún peor, la actitud de las naciones ricas -convirtiéndose en fortalezas que restringen su acceso aunque en realidad dejan abiertos portones sembrados de clavos- han comportado que la emigración se criminalice.
jueves, 31 de mayo de 2007
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