lunes, 29 de enero de 2007

Moral y buenas costumbres

Bocas del Tiempo. Eduardo Galeano. Ed. Siglo XXI. Pag. 14

La encerraron en una habitación, atada a la cama.
Cada día entraba un hombre, siempre el mismo.
Al cabo de algunos meses, la prisionera quedó embarazada.
Entonces la obligaron a casarse con él.
Los carceleros no eran policías, ni soldados. Eran el padre y la madre de esta muchacha, casi niña, que había sido descubierta cuando se estaba besando y acariciando con una compañera de estudios.
En Zimbabwe, a fines de 1994, Bev Clarck escuchó su relato.

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